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Primer Encuentro

Capítulo 1: Encuentro en la Universidad

En el campus de una pequeña universidad particular, donde los rayos dorados del sol acariciaban los antiguos edificios de ladrillo y los árboles susurraban secretos de sabiduría, se encontraba Chanela, una apasionada profesora de literatura. Su cabello oscuro caía en ondas suaves sobre sus hombros mientras caminaba por los jardines, perdida en la poesía que flotaba en el aire.

Chanela no solo enseñaba sobre las palabras escritas, sino que ella misma era una historia viva. Su mirada profunda y su mente inquisitiva la convertían en un faro de conocimiento y encanto. En el rincón más recóndito de su ser, anhelaba una conexión que trascendiera las páginas de los libros que tanto amaba.

Mientras tanto, en algún lugar entre los destellos de las ambulancias y el ajetreo de la ciudad, se encontraba Alejandro, un paramédico con una dedicación apasionada por salvar vidas. Su corazón latía al ritmo de las urgencias médicas, pero anhelaba algo más que las sirenas y los parpadeos de las luces de emergencia.

Un día, el destino entrelazó sus caminos. Chanela, inmersa en su mundo académico, organizó una charla sobre la importancia de la literatura en situaciones de crisis. Fue allí donde sus ojos encontraron los de Alejandro, quien asistía a la conferencia por puro azar.

El magnetismo entre ellos era palpable, como si sus almas se reconocieran en un idioma más antiguo que las palabras. Después de la charla, Alejandro se acercó con una sonrisa que iluminó la habitación.

—»Creo que la literatura puede sanar heridas que ni siquiera sabíamos que teníamos», dijo Alejandro, cautivado por la pasión de Chanela.

Esa fue la chispa que encendió un fuego que ardería con la intensidad de mil soles. Juntos, exploraron las páginas de la vida, compartiendo no solo palabras, sino también sus sueños, temores y anhelos más profundos.

Un día, mientras paseaban por los jardines de la universidad, sus mentes se entrelazaron de una manera mágica. Descubrieron que eran capaces de leerse mutuamente, como si sus pensamientos formaran parte de un diálogo secreto que solo ellos comprendían.

En ese instante, entre las sombras de los árboles centenarios y la brisa suave que acariciaba sus rostros, supieron que su amor iba más allá de lo convencional. Era un vínculo tan apasionado e intelectual que sus almas danzaban en armonía, creando una historia de amor que trascendía las páginas de cualquier novela.

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