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Dia de la Mujer

CUMPLEAÑOS : Compartir un momento

Hoy Amaneció cerrado con un manto gris plomizo, cubriendo la ciudad con una lluvia persistente que susurraba historias melancólicas.

Era un día de esos en los que el frío se insinuaba hasta en los huesos, y las calles  empapadas de un silencio roto únicamente por el murmullo de las gotas de lluvia danzando en el asfalto.

Los charcos en la acera reflejaban el cielo lloroso, creando espejos distorsionados de un mundo que se desmoronaba lentamente y el aroma a tierra mojada se mezclaba con la humedad del aire, creando una atmósfera densa y penetrante. Cada paso resonaba con un eco de melancolía, como si las aceras susurraran historias tristes que habían sido olvidadas por el tiempo.

En un rincón de su casa, estaba Alex  sentado frente al computador mirando su ventana observando la lluvia con ojos cansados y llenos de memoria miraba las lágrimas que caían del cielo que lavaban las heridas de su alma.

no podía apartar la mirada de su teléfono, donde las palabras de ella resonaban como un eco melancólico en su alma.

El mensaje de ella, lleno de desesperación, llegó como una ráfaga de viento frío que congeló la habitación. Sin embargo, alex, se preocupo, con la mirada sumida en un horizonte nublado, se veía atrapado en la vorágine de sus preocupaciones. Los mensajes digitales destilaban la fragilidad de la situación: «No tengo ganas de almorzar, mi nena está malita, y me parte el alma verla llorar». Cada palabra era una nota en la sinfonía de una madre preocupada.

En la penumbra de la habitación, ella  sostenía el teléfono, observando con ojos ansiosos las palabras que parpadeaban en la pantalla. Alex, el protagonista de esta historia, respondió con la urgencia que solo la preocupación genuina puede inspirar. «¿Qué tiene la bebé? Dame síntomas», inquirió, su teclado resonando como el eco de un tambor en la quietud de la tarde.

El rostro de ella reflejaba la angustia mientras intentaba articular en palabras los malestares de su pequeña. «Está con cólicos», confesó, y las palabras se deslizaron como lágrimas digitales, tejiendo una narrativa de dolor maternal.Alex, consciente de la gravedad de la situación, en medio de la incertidumbre. «Dime los síntomas de la bebe, me estás haciendo preocupar», escribió Alex, cuyas palabras resonaban con el timbre de una campana que llamaba a la acción.

Ella, entre suspiros digitales, compartió la información solicitada, y Alex, en su afán por entender y ayudar, lanzó la propuesta de usar un remedio casero facil de preparar.

La trama se enredaba con la tensión de una espera angustiosa, con la incertidumbre suspendida en el aire como una tormenta que amenaza con desatar sus fuerzas. Las palabras digitales se convertían en el hilo conductor de esta narrativa, donde la preocupación de alex se entrelazaba con la vulnerabilidad de ella, creando una historia de solidaridad y conexión humana en medio de la adversidad.

le dio una receta

«En una olla, vacía, pon a tostar azúcar a fuego lento hasta que adquiera una tonalidad café. Luego le echas agua y esperas que hierva. Después, eso le das a la bebé como agua de tiempo, fría», sugería alex, las palabras danzando como el humo de un hechizo culinario. Sin embargo, la realidad se imponía.

El aroma virtual del azúcar quemada se mezclaba con la cruda realidad de la situación. «Te lo agradezco, pero ellas no pueden consumir nada de azúcares. Ya le di una pastilla, y le llamé al pediatra», respondía ella, una melodía de precaución y gratitud que resonaba en las teclas digitales.

Alex, dejando de lado las diferencias, ofrecía su apoyo incondicional. «Cualquier cosa me avisas, podemos tener nuestras diferencias, pero en serio me importas tú y las bebés», confesaba en un susurro digital, su preocupación palpable en cada palabra.

La respuesta de ella se plasmaba en dos emoticones tristes, una expresión de agradecimiento que se sumergía en las complejidades de un día difícil. «Un día de estos preparo algo rico y comemos», sugería Alex,  que acompañaría la promesa de un abrazo cálido.

Sin embargo, la sombra de la preocupación persistía. «ALMORZASTES?» preguntaba Alex, buscando cuidarla y que comiera algo. La respuesta de ella, en forma de emoticones que expresaban falta de apetito y tristeza, revelaba la tormenta interior que la asediaba.

«Estas bien?», inquiría Alex, sus palabras flotando como una brisa suave. La respuesta de ella, llena de ambigüedad, dejaba entrever una vulnerabilidad que esperaba ser explorada con precisión y romance.

El clima, que había sido testigo mudo de la conversación, se volvía el cómplice en esta historia de conexión y cuidado. En la penumbra de la tarde, Alex y ella se encontraban virtualmente, dos almas que buscaban consuelo en la tormenta de la vida.

Alex expresaba su deseo de compartir momentos únicos, de crear recuerdos que trascendieran el tiempo y la distancia por eso preparo una pequeña sorpresa ,Alex seguía en la planificación meticulosa de su sorpresa para su amada.

Meses atrás había sido su cumpleaños, y aunque el tiempo ya había transcurrido, sentía la necesidad de compartirlo de una manera especial.

Con el Día de la Mujer acercándose, Alex ideó un plan que fusionaría el homenaje a ella con el festejo del 8 de marzo. – Decidió comenzar la sorpresa con un pastel, símbolo de celebración y dulzura. Alex, consciente de los gustos de ella,eligió un pastel de chocolate con fresas, adornado con delicadas rosas de azúcar.

Alex se sumergió en la vibrante atmósfera del mercado local. Allí, entre puestos de flores y fragancias que perfumaban el aire, buscó el pastel perfecto.
Encontró la pastelería , conocida por sus creaciones exquisitas. La elección del pastel fue una tarea que demandó tiempo y reflexión.

Con el pedazo de pastel en mano, Alex se encaminó hacia su casa, donde
había planeado encontrarse con ella según el, ya que siempre nunca se da y cuando queda,  esa desilusión  como que todo planeamiento queda en nada y esta vez no quería que fuera así ella lo llamó para verlo y el también quiere verla y esa ansiedad de poder tenerla a su lado con el corazón en la mano poder ver sus ojitos y saber que existe a si mismo Alex confesó sus intenciones al comprar un pedazo de  pastel de chocolate y buscar el detalle que mandó hacer, una pequeña luz en la oscuridad de una conexión complicada. Quería festejar ese cumpleaños de ella, celebrar la vida que compartían, aunque solo fuera por un instante ya que no tuvo la oportunidad de compartir ese momento con ella y entregarle ese pequeño detalle hasta compro la vela que imitaba un volcán lleno de chispas luminiscentes , la torta y la melodía de un «Happy Birthday» no eran solo un regalo. Eran la manifestación de un amor apasionado, de la necesidad de expresar lo que las palabras no podían encapsular. Alex intentaba romper las barreras con cada detalle, con cada gesto, para demostrar que su afecto era genuino, más allá de las diferencias y los malentendidos.

La respuesta de Alex destilaba emociones crudas y sinceras, como una melodía de piano que se adentraba en el corazón. Habló de su deseo de compartir ese momento aunque no fuera su cumpleaños real pero quería formar parte de esa celebración, de construir recuerdos juntos, y dejó entrever el temor de ser comprendido de forma errónea. Sin embargo, no se retractó de ser quien era, un hombre detallista que encontraba belleza en los pequeños momentos.

La tormenta de lágrimas que el cielo derramaba afuera parecía reflejar las emociones tumultuosas que se entrelazaban en esta narrativa de amor. El alma de Alex se desnudaba frente a Ella, y la respuesta de ella se volvía la incógnita en el destino de este romance. ¿Se abrirían sus corazones a la posibilidad de un amor apasionado, o se desvanecerían como las lágrimas de la lluvia en el frío cristal de la incertidumbre?

La noche se desplegaba sobre la ciudad como un manto de estrellas, y entre las luces titilantes de los restaurantes, Alex aguardaba expectante. Su mensaje, lleno de ansias y esperanzas, se había deslizado en el éter digital hacia ella, quien se encontraba inmersa en una cena con sus amigas.

«No viniste por tu obsequio», escribió Alex esperanzado de poder verla otra vez, una declaración que resonaba con la sutileza de un susurro en la brisa nocturna. Ella, al recibir la notificación, levantó la mirada, sus ojos chispeando de curiosidad. «Obsequio», replicó con sorpresa dentro de ella, sumida en el misterio de un regalo no revelado.

La respuesta de ella destilaba una mezcla de intriga y confusión, su corazón latiendo en sintonía con la incertidumbre de la noche. «Estoy en el boulevard de la luna, en una cena», compartió, las palabras fluyendo como melodía en una noche estrellada. La sensación de romanticismo vibraba en cada letra, como un preludio de emociones que se avecinaban.

Alex, lejos de desvanecer la expectativa, las emociones se entrelazaban en el teclado, y cada mensaje era una nota en la partitura de una historia que cobraba vida esta noche especial.

Los minutos transcurrían como suspiros en la bruma de la noche, y ella, en medio de su cena, dejó escapar un agradecimiento sentido. «Muchas gracias por todo. Hoy fue un día super difícil», confesó, sus palabras llevando consigo la carga de experiencias compartidas y desafíos superados donde compartió sus preocupaciones con Alex y el saber que el esta ahi siempre o que lo estara a pesar de todo.

Alex, comprendiendo el peso de la jornada de Ella, Alex expresó su empatía con un respuesta «me imagino». Pero la conexión entre ellos no se desvanecía, tan fuerte como la luz de las farolas que iluminaban la noche.

«Bueno, iré a cenar», anunció Alex, un suspiro de resignación en sus palabras. La esperanza de compartir la velada se desvanecía, pero la llama del detalle permanecía encendida. «Pensé que vendrías por tu obsequio», agregó, su mensaje flotando en el éter como una hoja llevada por la brisa nocturna.

La respuesta de ella reveló una realidad compleja, donde las sombras del pasado aún influían en las decisiones del presente. «Nunca me dijiste nada, y sabes que estaba con mi nena. No quería tener más pleitos o sentirme peor», confesó, sus palabras resonando como el eco de un pasado que aún no se desvanecía.

Alex, en su compromiso y comprensión, propuso una esperanza para el futuro. «Bueno, lunes te espero. No creo que se malogre hasta el lunes», escribió, su mensaje llevando consigo la promesa de un encuentro postergado pero no olvidado.

La narrativa de esta historia continuaba, tejiendo los hilos de un romance que desafiaba las adversidades. La noche en el boulevard de Lunes aún guardaba suspiros y emociones de verla nuevamente, y entre las estrellas y las luces tenues, el obsequio aguardaba, listo para desplegar sus misterios

La noche avanzaba, y la propuesta de ella, un delicado «Puedes venir después de mi cena, please», abría una puerta a la reconciliación, a pesar de las sombras que habían caído sobre la conversación. Alex, ansioso por restaurar la conexión, aceptó con un sencillo «okis».

La espera se mezclaba con la incertidumbre, y Alex, ansioso por encontrarse con Ella, solicitó detalles. «Y donde te encuentro», preguntó, sus palabras cargadas de la promesa de un reencuentro esperado.

La respuesta de Ella, ubicándose en «Alejandros en el boulevard de Luna», resonaba con la poesía de un lugar donde los destinos se entrelazan. El tiempo pasaba, pero la paciencia de Alex se sostenía firme. «Ya terminó», inquirió, queriendo anticiparse al encuentro que lo esperaba.

La demora se disolvía en el aire cuando ella compartió su realidad con un «En una media hora más o menos». Alex, preparando su llegada, propuso desbloquear su número, una invitación a derribar las barreras digitales que los separaban.

Sin embargo, la vida, inesperada como siempre, se interpuso en su camino. «Pero tenemos que ir a ver a una amiga que se accidentó», confesó ella, recordándoles a ambos que la realidad no siempre se doblega a los deseos del corazón.

El compromiso de Alex resonó en un «Ya vamos a salir», mientras la noche se llenaba de promesas y desafíos. El reloj avanzaba, y la expectativa de un encuentro vibraba en la noche.

En ese momento crucial, Alex, con su deseo de superar las barreras, solicitó desbloquear su número. «No sé cuál número», respondió ella, una resistencia que ilustraba las dudas y temores que danzaban en su interior.

Con su número en mano, Alex expresó su anhelo de llegar en diez minutos. La espera se convirtió en un susurro frenético de emociones, como la introducción apasionada de una melodía que prometía resonar en lo más profundo de sus corazones cuando finalmente se encontraran.

La realidad, sin embargo, desdibujó las expectativas. Alex llegó con más de diez minutos de retraso, y durante otros diez, la buscó ansiosamente entre los locales cual loco busca a su amada. La incertidumbre creció como una sinfonía discordante, y la posibilidad de que ya no estuviera allí se apoderó de su mente. Fue entonces, al consultar su celular, que descubrió nuevamente el motivo de la demora: irían a visitar a una amiga que se accidentó en su casa.

El gesto romántico de Alex, una vez más, se desvaneció en la penumbra de la realidad. En esos momentos, anhelaba que ella pudiera comprender la dedicación que implicaban esos detalles, cuánto esfuerzo invertía para hacerla sentir especial. La frustración y el desánimo lo envolvieron, como las sombras que amenazan con eclipsar la luz de un amor bien intencionado.

Con el corazón apesadumbrado, Alex la llamó. Ella respondió, y entre las palabras, le preguntó dónde estaba, expresando su inquietud por no verla. Decidida, ella salió del local, y en ese instante, él la vio. ¡Wow! Estaba deslumbrante, envuelta en un vestido azul que realzaba su belleza. Su mirada, profunda y cautivadora, hacía que el corazón de Alex latiera con una intensidad sobrecogedora. La emoción de saber que ella era una realidad, más que un sueño, se apoderó de él. Recordó que, como un hábil novelista romántico, estaba escribiendo su propia historia de amor, donde cada encuentro, aunque desafiante, merecía todo pero aun esta por tener una sorpresa de parte de ella y en ese instante, cuando el reloj marcaba la proximidad del encuentro, ella, en un acto de sinceridad y valentía, desplegó su alma en un mensaje que ………..

 

                                                                         Continuara ……

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